Estoy de viaje en Murcia, llevo conmigo una PDA con teléfono móvil, navegador GPS y conexión a Internet. Mi PDA ha aprendido que me gusta la comida italiana y sabe que tengo hueco en la agenda de dos y media a cuatro de la tarde, con esta información, me sugiere varios restaurantes cercanos, el menú de cada uno de ellos, precios y opción para realizar reserva. Mi móvil o mi ordenador conocen mis preferencias, las ordenan en función del contexto, se comunican conmigo y finalmente se comunican con las máquinas del restaurante.

Todo esto está cada vez más cerca gracias a lo que algunos llaman Web 3.0.

Para entender lo que supone y lo que supondrá la Web 3.0 en el futuro, debemos echar la vista atrás por un momento, y repasar la evolución que ha seguido el acceso a la información en Internet.

En un inicio (lo que podríamos llamar Web 1.0) la información se clasificaba en directorios, con estructuras de carpetas y directorios en “árbol”. La web permitía consultar pero no interactuar. La participación e interactuación entre usuarios ha sido la base de la Web 2.0, también la organización horizontal de la información y la búsqueda basada en tags. La creación de portales como YouTube, Facebook o Myspace, entre otros muchos, ha cambiado la forma de crear y acceder a la información dentro de la Red.

Es posible que la Web 3.0 abra nuevos caminos donde las maquinas no sólo permitan la interactuación entre usuarios sino que se comuniquen ellas mismas con las personas e incluso con otras máquinas. La información no se buscará a través de árboles de directorios, ni siquiera con tags, se conversará con el buscador con un lenguaje natural y éste responderá. En las nuevas tendencias también podrían tener cabida la movilidad total, la web en 3 dimensiones o la realidad virtual.

La Web 3.0 está en proceso de desarrollo, todavía no sabemos que forma tendrá, pero parece que mejorará el funcionamiento de las búsquedas, haciéndolas más limpias y certeras gracias a procesos basados en “inteligencia artificial”. Este sistema podría llegar a actuar como consejero personal, ofreciendo por ejemplo paquetes turísticos a medida, en lugar de un inagotable torrente de páginas de agencias de viajes y destinos. O podría ayudar a una planificación financiera, con recomendaciones concretas dependiendo de la edad o el estado civil del usuario o el historial de compras.

La esencia de la Web 3.0 trata de que sea la información quien se adapte a nuestros requerimientos, y además podamos interactuar con ella. Un ejemplo de las líneas que se están siguiendo puede verse en la página de IKEA, y su asistente personal Anna, que resuelve nuestras preguntas al igual que lo haría una persona.

La  Web 3.0 marcará la irrupción de las máquinas en las conversaciones posibilitando que incluso “hablen” entre ellas. Quien sabe, quizá no esté tan lejos el día que la televisión le pida reponer las cervezas al frigorífico porque hay partido el domingo.


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